Acceso

  • El ingreso para el público en general es por calle Cumming s/n o por la antigua entrada principal. Entrada liberada.
  • Horario

  • El Parque está abierto de lunes a domingo de 10 a 19 horas (horario de invierno).
  • Visitas Guiadas

  • Martes, miércoles y viernes a las 12, 14 y 16 horas horas previamente concertadas vía contacto.
  • cómo llegar / servicios / más información
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Espacio de Lectura Infantil

Es difícil imaginar que para un porteño no sea natural bajar hasta el plan de la ciudad.

El plan, obviamente, ha sido siempre el centro de la ciudad. Pero pensar la ciudad desde un centro siempre le da la espalda a algo, no solo a algo físico también a algo simbólico. Fuera del casco histórico, fuera de la zona de conservación, fuera de la zona de las inversiones, reconocemos una zona desprotegida y desafectada (aunque luego confirmemos que una zona sin interés de inversiones es una zona a salvo).

A los diez años solo el 50% de un curso de quinto básico de Montedónico o Puertas Negras ha bajado al plan de la ciudad de Valparaíso, a nuestro centro. Otros, solo han pasado por el centro, sin entrar, sin conocer nada.  Es obvio que podrían vivir sin bajar, bajar no les resulta natural, y no es extraño.

Los Carnavales Culturales de antes y hoy, masivas actividades con algún carácter artístico, hicieron bajar por primera vez al plan a algunos novatos. Pero sabemos que esa ciudad carnavalesca no existe; por lo mismo, difícilmente podemos reconocerla como propia. Muy por el contrario, provoca una despampanante desconexión con la ciudad real, con su comercio y con su ritmo. Y aleja aún más la posibilidad de acercarse a ella, de sentirla propia.

Los niños leen la ciudad a través de la topografía, desde el peso de su cuerpo, la aceleración, los frenos, el deslizamiento, el curso de la aguas. Además, con la variación de la luz, los volúmenes, las protuberancias, la vaguada.  Finalmente, la leen desde donde estén, pero siempre a partir de su uso concreto. Y Valparaíso no siempre invita, no siempre seduce.

Sabemos que la ciudad debe pertenecer, su desarrollo debe integrar. Debe coincidir con las necesidades de sus habitantes si busca fortalecerse desde la coherencia de un desarrollo gradual, acorde con las particularidades de la ciudad. El Parque Cultural Valparaíso tiene ese desafío: mediar.

Mediar entre los cerros altos y el plan; entre las expectativas centralistas y las necesidades locales; entre poner en valor  iniciativas locales y exponer otras perspectivas; en visibilizar experiencias artísticas y propiciar el acceso a lenguajes contemporáneos. Todo con el fin de  dar espacios,  formar nuevas audiencias y fidelizar las existentes, hoy transversalmente escasas.

En este sentido, pensar en un Espacio de Lectura para niños en el Parque Cultural de Valparaiso, significa visualizar un espacio fundamental.

Un espacio de lectura es un perímetro complejo que supera al libro, la silla y la mesa. Un espacio para leer está determinado por una situación de deseo y decisión por el descubrimiento contenido a través de un ambiente determinado, material determinado y situaciones de búsqueda y hallazgos.

Da espacio al  deambular silencioso, a pasar los ojos por cientos de tapas con distintos colores, superficies y letras; los enfrenta a elegir.  Sentir el peso del libro en sus manos, les hace proyectar su consistencia. Y les exige elegir un lugar y luego tomar una posición. Lo demás, evaluar a través de su experiencia un inicio, un desarrollo y un término de algo. Elegir- abrir- hojear- cerrar- guardar y otra vez elegir- abrir- hojear.

Una situación de lectura, impregna zonas intermedias de sociabilización, construcción de significados y realización.  Pero no es lo único, el susurro de biblioteca es un comportamiento que habla del cuidado de algo, la conciencia de una fragilidad. No es un comportamiento adulto, sino de cuidado. El susurro, además de mejorar la dicción, compromete en una situación colectiva excepcional. La guagua en este caso es la lectura, en un espacio individual y grupal de concentración, diálogo y deleite. Y genera cierta hermandad en el espacio, hace parte de una dinámica de autocuidado y autogobierno.

Un Espacio de Lectura otorga algo inusual, promueve la conciencia de su valor, que a través de los niños se transfiere y circula hacia otros espacios y que al igual que la ciudad de Valparaíso debe ser entendida desde el uso colectivo, desde el sentido colectivo que provoca un bien.

Vanessa Grimaldi
Valparaíso, Junio de 2011