Acceso

  • El ingreso para el público en general es por calle Cumming s/n o por la antigua entrada principal. Entrada liberada.
  • Horario

  • El Parque está abierto de lunes a domingo de 10 a 19 horas (horario de invierno).
  • Visitas Guiadas

  • Martes, miércoles y viernes a las 12, 14 y 16 horas horas previamente concertadas vía contacto.
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Invernadero

El Invernadero es un proyecto que posee dos dimensiones. Primero, está concebido como una escultura expandida. Su forma de casa transparente instalada al interior del Patio de los Pimientos, que es de los lugares de más siniestro recuerdo en la historia de la cárcel, significa producir en su interior un cambio de temperatura. Este cambio que ocurre a escala reducida es el principio de una proyección para que el propio Parque sea entendido por la población como un “invernadero” en relación a la ciudad; vale decir, que signifique -por sus acciones- una transformación de la temperatura cultural de ésta.

Desde el punto de vista constructivo, el Invernadero es un enunciado editorial que está destinado a reunir a un conjunto de vecinos adultos mayores del cerro La Loma, Cárcel, Panteón y Quebrada Elías, que ya poseen una práctica de jardinería como espacio de afirmación espacial. El cultivo y mantención de espacios verdes y de delimitaciones florales señala un modo de habitar que piensa en la mantención de descansos, de umbrales, de sitios en que se negocia cotidianamente la vida barrial. Estas son prácticas realizadas por adultos que son portadores de la memoria larga del barrio y que señalan la condición de su estabilidad.

De este modo, la construcción del Invernadero –en el exterior del Parque- se combina con el montaje de la Sala de Lectura para adulto mayor –en el interior del Parque-, destinada acoger un tipo de actividad específica que se propone, a través de nuevas condiciones para el desarrollo de la lectura, realizar acciones destinadas a elevar la calidad de vida de los “viejos del barrio”. Tanto la lectura como el cultivo en el invernadero tienen como propósito promover la capacidad de inter-relación y de producción de convivialidad, mediante dos iniciativas que involucran actividades reflexivas diferenciadas. La lectura conduce hacia la conversación sobre los acontecimientos fuera del barrio; el invernadero se postula como el lugar de un ejercicio donde lo que importa son las pequeñas memorias de los ciclos y de los procedimientos de cultivo de dos cosas: cactus y hierbas medicinales. Esto quiere decir que hay una Dimensión lúdica y otra utilitaria, involucrando ambas un tiempo manual. La lectura remite a tiempos visuales e intelectuales que combinan el silencio y el “chisme”, como espacio doméstico de creación literaria o como espacio literario de creatividad doméstica.

Invernadero y Sala son espacios atractores. Debemos atraer a las comunidades al PCdV porque este ofrece unas instalaciones de acogida. La palabra acogida es clave. Sobre todo en relación a adultos mayores. No existe en la ciudad un programa de desarrollo cultural barrial que sostenga nuestros objetivos. No se trata de organizar “talleres” para “ocupar el tiempo”, sino de montar dos plataformas de producción de actividades que, por su simpleza y cualidad de relación afectiva, incidan en el desarrollo de una ancianidad creativa.

En síntesis, Invernadero y Sala de lectura dos iniciativas que se combinan en un trabajo de mediación, destinado a fortalecer la posición de los habitantes adultos mayores entendidos como soportes de memorias barriales duras.

La importancia de poner en práctica estas iniciativas, desde el mes de diciembre en adelante, permite que el PCdV y el FAV transformen el festival en un instrumento privilegiado para la mediación, en la perspectiva que ésta tiene en su política de encuadre editorial. Más aún, cuando el eje de trabajo del PCdV para el año 2013 está centrado en las relaciones entre Ciudad y Territorio. Los adultos mayores son sujetos fundamentales en la construcción de estas relaciones. El FAV colabora, de este modo, en el montaje de iniciativas que solo la existencia del PCdV puede asegurar su reproducción y continuidad.

En el Patio de los Pimientos, en la parte trasera del edificio de Transmisión –antigua Galería de Reos- será levantado este Invernadero. Será una estructura de madera y plástico en forma de casa, de medianas dimensiones y que permita la presencia de una cierta cantidad de personas en su interior. Esto es muy  importante para el desarrollo del proyecto comunitario. No solo se trata de imaginar lo que será plantado en su interior, sino que éste  sea accesible para que las personas que trabajen en su interior sientan efectivamente el cambio de temperatura. En este sentido, es una obra de arte ambiental. Más bien, su construcción está concebida como si fuese una escultura expandida.

El concepto anterior ha sido facilitado en su ejecución por el propio proyecto de paisajismo del parque, asociado al proyecto de arquitectura. De este modo, el Invernadero es una prolongación del proyecto de paisaje, en las capacidades que éste posee para instalarse como el primer espacio de acogida del Parque. El segundo espacio de acogida ha sido pensado como Espacio de Lectura, que será abordado en otra columna. Pero se hace necesario juntar ambas cosas: Invernadero y Espacio de Lectura porque son los primeros umbrales del Parque y porque definen el modo en cómo se hacen evidentes los primeros protocolos de relación entre vecinos y el Parque, en el terreno de una distancia pública con rasgos de intimidad pública, por paradojal que pueda ser esta noción.

Como se sabe, el Invernadero (o invernáculo) es un lugar cerrado, estático y accesible a pie que permite el control de la temperatura, la humedad y otros factores ambientales para favorecer el desarrollo de las plantas. Aquí, sin embargo, además de las plantas, lo que se favorece es el desarrollo de relaciones entre personas. Lo que habrá en el invernadero, serán personas que se juntarán a elaborar pequeños proyectos de horticultura, no solo pensados para promover el consumo de verduras, por ejemplo, sino principalmente para generar unas formas amables de relaciones entre personas que se ocupan de una tarea específica, de  visibilidad cercana y que supone una presencia regulada en un ambiente convivial. Se trata de inventar un modo simple de estar juntos haciendo “algo” que compromete unas nociones de cuidado corporal fino; y ese algo es un huerto, lo cual hace pensar en dos poblaciones directamente comprometidas: adultos mayores y escolares de las escuelas más cercanas al Parque.

El sentido que tiene la construcción de un huerto, es concebir esta actividad como la edición de un “monumento social” de nuevo tipo, centrado en la participación y la distribución de responsabilidades para sellar la completación simbólica de la primera ocupación del  Parque de parte de los vecinos. Esta ocupación debe asegurar la instalación de un criterio de hospitalidad con que la institución se presenta ante la comunidad.

Antecedentes

El PCdV es una contribución al mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades urbanas cercanas a su edificación.  El intento de articular acciones de arte que problematicen la relación de una estructura institucional con iniciativas que buscan instalar indicios para una ciudad justa que tiene su origen en una evolución significativa  de la sensibilidad de los agentes urbanos.

La construcción de ciudad pareciera darle la espalda a la naturaleza y ésta, en variadas ocasiones, es fuente de permanente amenaza, si tomamos en cuenta la relación de los cerros con los derrumbes y los incendios. El exceso de agua o la ausencia de ella delimitan un campo de inquietud que determina aspectos de la vida cotidiana de los porteños.

La construcción de ciudad posee una mecánica burocrática que caracteriza identitariamente su existencia. La ciudad se configura a partir de un conjunto de simples expedientes administrativos, tales como aperturas de calles y plazas, edificación intensiva de núcleos urbanos, la rehabilitación de enclaves históricos, la peatonalización de entornos residenciales o la recuperación de cascos antiguos. A pesar de su dispersión, todas estas acciones modifican de manera radical la estructura del paisaje urbano y determinan  el comportamiento de los ciudadanos.

Cuando un ciudadano en la actualidad acude a ciertos lugares de esparcimiento o pasea ocasionalmente por la ciudad, experimenta  la ominosa sorpresa de que muchos de los espacios por los que transita son inhóspitos, formalmente desastrosos e higiénicamente insalubres. Estas mermas transforman de manera contundente la relación del hombre con el medio y generan nuevos paisajes insospechados por su artificiosidad.

Desde finales de los años sesentas, una serie de factores artísticos, políticos y sociales han conducido a que diferentes artistas se plantearan la posibilidad de pensar y crear obras cuyo ámbito no fuera el espacio cerrado del museo ni el privado de alguna galería de arte, sino el espacio abierto de la naturaleza o el espacio público de la ciudad.

Los no-lugares, tal como lo define el antropólogo Marc Augé, son aquellos espacios en tránsito, espacios anónimos que en su carencia de señas de identidad se presentan como idénticos a sí mismos en cualquier punto del planeta. En las ciudades turísticas como Valparaíso, comienzan a aparecer los no-lugares, a la mano de los avances tecnológicos y la presión económica. La globalización afecta en una suerte de homogenización del paisaje, adjunto a la cada vez manutención y logros de estándares internacionales.

La ciudad turística se define como la construcción de entornos típicos que se han convertido en meras escenografías para una mirada que busca confirmar sus propios prejuicios; finalmente, la tipicidad es una producción de insumos para un consumo visual homogéneo. Numerosas asociaciones de ciudadanos han descubierto en el “preservacionismo” y arte público el antídoto a esta invasión y despersonalización del espacio urbano.

La idea de que lo público es una tarea de todos, promueve el desarrollo de iniciativas de participación ciudadana en que el asociacionismo pasa a sumir roles que, en principio, debieran ser asumidos por políticas públicas. La experiencia señala que la re- adecuación de espacios y la recuperación de áreas degradadas están ligadas a iniciativas de ciudadanos que han forzado a los poderes públicos a tomar acciones. La apertura del Parque Cultural se enmarca en esta realidad. La sola transformación de un espacio patrimonial en un ámbito post-patrimonial que requiere un manejo diverso y que debe responder a otro estadio de demandas, pasa en primer lugar por definir su relación institucional con las comunidades que viven en su cercanía.

El PCdV contempla un parque –en sentido estricto- que está formado por una explanada central  de pasto de alto tráfico y la colocación de unos 300 árboles que ocuparán algunas zonas perimetrales. Estas áreas verdes no son un espacio secundario del parque. El proyecto de arquitectura adquirió fortaleza, justamente, porque fue concebido como espacio global que debía combinar arte y naturaleza, en un lugar que había estado sustraído a la mirada de las comunidades externas a la cárcel durante un siglo.